13 ene. 2010

ARGENTINA: Nov-Dic/2009 - CAP. XIV



DÍA 14º. SÁBADO -  05/12/09 - Iguazú.



Como el día anterior, sobre las 8:00 de la mañana, nos recoge Walter en el Hotel, con su coche particular nos dirigimos hacia el Hotel Casino, punto de encuentro de todo el grupo, entramos en el souvenir del hotel y me compro una gorra, de recuerdo y por supuesto para reservarme del incipiente sol con que amenazaba el día (en este viaje me había preparado más para el frío que para el calor). Salimos al jardín y nos mostraron un precioso y original árbol, es una Higuera India, cargadita de higos que salían del tronco.

 

 















De allí nos dirigimos a la entrada del parque y de ahí hacia la Estación Central, para sobre las 08:45 aproximadamente, tomar el tren ecológico que nos llevaría a la Estación Garganta del Diablo, parece ser que es el primer lugar que se suele visitar, temprano a primeras horas de la mañana por la ingente cantidad de turistas que llega más tarde, al ser el salto más famoso.

Un poquito de historia del tren: El tren,  tiene un recorrido es de 4.840 metros, posee una locomotora a gas y tres vagones con capacidad para 120 pasajeros, y se traslada a una velocidad de 18 a 20 km/h. Circula sobre un pequeño terraplén a cuyos costados se levanta una barrera de vegetación para amortiguar el ruido. La primera parada es la Estación Circuitos o Cataratas, donde comienzan y concluyen los senderos. El tren recorre otros 2 km por el camino costero hacia Puerto Canoas, bordeando el río Iguazú superior, para llegar a la Estación Garganta del Diablo. La duración del recorrido completo es de unos 20 ó 25 minutos.
  Tren ecológico de las cataratas y yo montada en él
Al apearnos del tren comienza una gran pasarela de 1040 m. que llega hasta el balcón principal de la Garganta, por el camino, como en todo el parque, es frecuente divisar, mariposas, nidos de pájaros entre el enrejillado del suelo de las pasarelas, los vencejos volando en la niebla producida por la intensidad del agua, y como no, pequeños islotes en el río Iguazú alto hasta llegar a divisar el sumidero de la garganta del Diablo. Qué sensación de este primer contacto tan cercano con las “aguas grandes” del lado argentino, parecía como si tuviera fuerzas para, aún desde las pasarelas, absorbernos hacia su boca.   
 [Más alegres y coloridas mariposas posándose en cualquier parte]
 
Un poquito de cultura: Una falla geológica producida en el cauce del río Paraná hizo que la desembocadura del río Iguazú quedara convertida en una abrupta cascada de 80 metros de altura. Desde aquel punto, donde se originaron las Cataratas, hasta donde hoy en día se encuentra la Garganta del Diablo existen 27 kilómetros de distancia, debido al retroceso lento erosivo, pero continuo en la posición de las Cataratas.
Es el principal atractivo del parque, tres balcones en forma de abanico permiten tener una visión única de la monumental “garganta del diablo”. Es la culminación del recorrido del río Iguazú superior en una unión de saltos de más de 150 mts de longitud con una caída de 80mts de altura, en forma de herradura. Conforman una potente caída de agua que al romper en el cauce del río dibuja densas nubes de vapor que inundan todo el contexto y caracterizan al paisaje.   
[Sumidero de la Garganta del diablo]
[Pasarelas de la Garganta del Diablo]
Llegamos por fin al balcón principal y te encuentras con mucha gente lo primero, no sé si ya era un poco tarde, pues los turistas que van por libre, la mayoría, sabiéndolo madrugan bastante y eran sobre las 09:30 cuando estábamos pisando el balcón o bien que debido a ser el salto más famoso siempre esté así. Belleza natural indescriptible. Mezcla de impresionantes vistas, sonidos y emoción.    
Entre el estrés que me causaba estar pendiente de todo, mirarla, disfrutarla y memorizarla, intercalando el hueco que dejaba algún turista para poder tirar una foto, el estruendoso ruido, la bruma que te ponía chorreando, aún habiendo echado mano del impermeable  del día anterior,  el resguardar la cámara  y limpiarla para que no se te estropeara, los “fotógrafos oficiales” del parque bien acosándote para hacerte una foto o bien para que te retiraras para hacérsela a los potenciales clientes, uff, cuanto hubiera deseado ir por libre, Jose y yo solos y estar allí a los 8:00 de la mañana cuando abriera el parque para poder disfrutar de ese momento  restando la mitad de los agobios.
 
 [Garganta del Diablo]
Pero bueno, con todos los inconvenientes que pongo,  fue algo grandioso y un sinfín de sensaciones  que hicieron un momento único e inolvidable, los contrastes de colores entre el verde de la selva, el azul del cielo, el blanco de la espuma de los saltos y el agua roja de la tierra colorada. Asimismo, sentimientos de pánico, la imaginación te hace llegar a pensar  incluso a que el balcón se rompa y verte cayendo por ese impresionante salto de agua.
Ese es el lugar donde la mayoría de la gente va a apreciar el arcoíris, pero nosotros ahí no tuvimos la suerte de contemplarlo,  lo disfrutamos el día anterior en el lado brasileño, debe ser por la situación del sol y la hora. Serían las 10:20 aproximadamente cuando estábamos en la estación para tomar de nuevo el tren ecológico. Creo que nos bajamos en la estación catarata pues el circuito que hicimos a continuación fue el superior. A mi, estéticamente hablando, creo que junto con el lado brasileño fue el que más me gustó.
Pasaba el tiempo rápido casi no te dabas cuenta y ahí teníamos a Walter cuando nos retrasábamos dándonos un toque porque había mucho que ver en poco tiempo y a las 12:30 teníamos cita en el embarcadero que está frente a la Isla de San Martín para hacer la excursión en lancha de goma o gomón como le llaman ellos o lo que es una zodiac para nosotros.  
Gomones en el río Iguazú, donde luego iríamos nosotros, pasando por la Isla de San Martín
Este tipo de excursión se puede hacer tanto desde el lado brasileño como desde el lado argentino, la diferencia es que desde este lado es considerablemente más barato.  
Le pregunté a Walter en que consistía la excursión y me dijo que se navegaba durante un tramo por aguas tranquilas, otro tramo en rápidos y luego te meten debajo de la catarata. Con todo el mundo que hablaba me decían que no nos la perdiéramos que era muy divertida, pero a mi me daba mucho miedo eso de navegar por rápidos y meterme literalmente debajo de los saltos. Me gusta la aventura peros sin riesgos. Le pregunté a Walter que si se pasaba miedo y me dijo que miedo no, emoción.    
Cuando llegamos al inicio de los circuitos nos estaba esperando un camión "todoterreno", bueno era para verlo, menos mal que el trayecto era corto porque el vehículo estaba viejísimo, la excursión es breve pero interesante, nos llevan por un camino dentro del bosque en la selva subtropical.  
Y llega el momento clave de montarnos en los gomones y recibir nuestro bautismo con aguas del Iguazú. Siguiendo los consejos de otros turistas ya íbamos provistos del biquini y chanclas para la gran mojada que nos esperaba.  
Embarcadero de las zodiacs enfrente de la Isla de San Martín
Subimos a las zodiacs, nos quitamos las ropas y zapatos y las guardamos en nuestras mochilas y a la vez en una especie de zurrón de plástico impermeable que te dan  y nos ponemos el chaleco salvavidas, nos dicen que las cámaras las podemos usar hasta que nos acerquemos al salto y ellos nos avisan. Lo mejor si no te llevas el bañador es llevarte una ropa de repuesto, yo llevaba incluso una toalla pequeña del hotel para secarme, aunque hace mucha calor y se seca rápido la ropa si llevas vaqueros o alguna prenda gruesa, es muy incómodo ir con ella mojada.  
La lancha tiene una capacidad para 20 personas y nos acompañaban el piloto y un fotógrafo provisto de su traje totalmente impermeable y grabando en vídeo toda nuestra aventura y nuestras caritas mojadas para luego vendérnoslo, no comprarlo, es el timo del siglo.
 
Por el Iguazú a toda velocidad
Pues como iba diciendo, comenzó nuestro paseo y casi sin darme cuenta, tirando fotos y viendo el paisaje, Isla de San Martín a la izquierda y los saltos de Los tres Mosqueteros primero  y San Martín al fondo ...que cuando reparé, estaba debajo del agua. Después de la primera ducha le pregunto al fotógrafo que cuándo venían los rápidos y me dice que ya los habíamos pasado, ¡que pena!, quería más emoción, increíble, es una sensación indescriptible y con el miedo que yo llevaba...  se me hizo cortísimo, fue super divertido, jamás pensé que me lo iba a pasar tan bien. No es necesario meterte muy hondo en al salto, simplemente con acercarte un poco a la bruma ya te mojas y no te deja ver nada y un poquito más ya sientes el chorro en tu cara, que yo la volvía para recibir esa cantidad de agua en mi nuca como si de un spa se tratase.    
 Fotos tiradas desde la zodiac
En total fueron cuatro acercamientos a las cataratas que me supieron a poco y volvimos de nuevo al embarcadero donde terminó nuestra excursión, creo que la duracion total era de uno 12 minutos. Es algo que se lo recomiendo a todo el mundo que es obligado hacerlo en Iguazú y que yo lo repetiría una y mil veces que fuera. Terminada nuestra excursión, bien mojaditos, cosa que se agradecía debido al calor tan pegajoso que hacía, tomamos para la izquierda, por el circuito inferior bordeando el río, desde donde también teníamos otras bonitas vistas de las cataratas, hasta reunirnos con Walter. De allí fuimos caminando hasta la plaza central donde estan los restaurantes viendo por el camino más y más coatíes, familias completas de coatíes, algunos reptiles y las palmeras pindó con sus nidos de boyeros colgantes.Serían rondando las 14:00 horas cuando llegamos a la plaza central y entramos en el Restaurante la Selva   http://www.iguazuargentina.com/espanol/area_cataratas/restaurantes__fast_food/restaurante_la_selva87.html     Un presentable restaurante que daba la impresión de ser muy caro y luego realmente no lo era. Era un bufett libre y tenía una parrilla estupenda y unos postres fantásticos. Comida muy amena que disfrutamos todo el grupo sentado en una gran mesa redonda.  
Acabado nuestro merecido almuerzo, fuimos caminando hasta el Hotel Sheraton, y disfrutamos de su preciosos jardines, donde vimos una palmeras con originales flores desde donde le nacían los plátanos como muestro en la foto.  
Allí se quedaron nuestros compañeros de viaje que se alojaban en el Sheraton y al resto nos llevaron a nuestros respectivos hoteles pasando antes, para hacer reserva, por el restaurante donde más tarde cenaríamos. En el Esturión, descargar las fotos y ducha para irnos caminando dando un paseito por la Avda. de las Tres Fronteras hasta el centro a mirar tiendas, uff todas iguales los mismos souvenirs y con lo poco que a mi me gustan.... y aunque ya había anochecido, y después de la caminata la calor era inmensa, sin comprar nada nos fuimos a una animada placita donde había algunos bares a tomar unas Quilmes para refrescarnos y hacer tiempo hasta la hora que habíamos quedado con nuestros amigos Juanjo y Mª José para cenar.Caminando por las calles, sólo me recordaba que estaba aún en Argentina, los habitantes de Puerto Iguazú, en las puertas de las calles o los comercios sentados bebiendo mate, con sus materas, bombilla y termo, por supuesto. No se porque, como ya dije antes, la estética de la ciudad y sus habitantes me hacían suponer que estaba más en un país caribeño que en Argentina.     Llegamos al Restaurante "Quincho del Tío Querido" C/.Bompland 110 Tel: 42-0151                                   http://www.eltioquerido.com/?i=65ad394c8c5eec49d4768505f0b19a95     El restaurante era amplio en el interior y con terraza en el exterior, cuando llegamos aún era pronto y no estaba demasiado lleno y al estar frente a un aparato de aire acondicionado hacía que tiritara de frío, tuve que solicitar cambio de mesa, aunque luego cuando se llenó me arrepentiría, otra cosa que me recordaba a Cuba, allí en los restaurantes ponen el aire acondiconado tan fuerte que he visto a críos con los manteles de las mesas reliados. Llegaron nuestros amigos y la cena fue una velada encantadora, animada por un trío que cantaba muy bien estilo los Panchos o canciones de Sabina. Creo que volví a repetir el pescado de la zona el surubí, pero lo que sí recuerdo bien fue el postre, los panqueques de dulce de leche que pidió Mª José porque yo no soy mucho de postres estaban ideales, creo que el plato nos lo liquidamos entre las dos. Acabada la cena, nos despedimos de nuestros amigos y ésta vez sí tomamos un taxi de vuelta para nuestro hotel, nos despedíamos de nuestra última noche en Argentina.  
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