12 dic. 2011

MARRAKECH. CAPÍTULO IV

 

Día 4º) Jueves 08/12/11

Después de haber pasado dos días completos en la ciudad de Marrakech y aún nos quedaba el mediodía más del día de viaje de vuelta, pensamos en hacer alguna excursión fuera. De las varias posibilidades que teníamos como las cascadas del Ouzoud, Essaouira, Ouarzazate o el  Desierto del Sáhara, optamos por el Valle de Ourika porque era el sitio más cercano y dada la época del año en la que anochece tan temprano, no queríamos ir muy lejos y que nos cogiera la noche a la vuelta, ya que ni las carreteras ni los vehículos son los más recomendables para esta situación.

Algo pasadas las 9:00 se presentó en la puerta del hotel nuestro taxista, con el que habíamos negociado la noche anterior el precio pero sin ver el taxi, nada más montarnos se nos cayeron los palos del sombrajo, como se dice en mi tierra, creo que no había otro vehículo más viejo en todo Marrakech, sí era un mercedes, pero como mínimo tendría 40 años, superviejo, en el interior íbamos respirando el olor a gasoil que se metía para adentro.

Distancia desde el hotel hasta la población de Setti Fatma: 63,7 kms.

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El Valle del Ourika

El paisaje era muy bonito, con varios puntos de interés turístico a lo largo de todo el camino, el verdor de las riberas del Ourika contrasta con el ocre de la tierra. Al principio atravesamos la fértil llanura de Haouz, poblada de cítricos y olivos. A unos 34 km. de Marrakech, comienza una sucesión de aldeas: Tnine Ourika, Oulmès, Asguine, Aghbalou.

Hicimos varias paradas para ver el paisaje de las montañas nevadas del Atlas, para divisar una de las aldeas cercanas, o para ver la kasbah, que es una fábrica de alfombras, pero sólo desde fuera, gracias a dios que no nos entró dentro para comprar alfombras. En otra parada, visitamos una cooperativa de cosméticos realizados a base de aceites esenciales y ya la última antes de llegar a nuestro destino, la ciudad  de Setti Fatma, para ver una casa bereber que, pese a la cercanía con la ciudad, mantiene sus tradiciones y su modo de vida montañés, aunque muy preparada para el turista, en todas y cada una de estas paradas, en seguida nos veíamos rodeados de chicos que vendían collares de piedras de la región.

Vista de una de las aldeas en el valle de Ourika

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Fábrica de alfombras en una kasbah

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Paisajes del Atlas

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Cooperativa de aceites naturales y cosméticos

En la parada de la cooperativa de productos cosméticos, aunque era una encerrona turística para comprar, es bastante interesante, allí  realmente lo que está es la tienda, te dan a probar los diferentes aceites y cosméticos que tienen a la venta, todo ello explicado por una chica muy joven que hablaba perfectamente español, te invitan a tomar un té,  así como hacen una pequeña demostración de cómo machacan el fruto del argán para obtener el aceite, realizando la labor tres señoras sentadas en el suelo, aquí os pongo un artículo muy interesante que he encontrado sobre el “oro líquido” de Marruecos, del proceso artesanal de elaboración, por ello es tan caro.

La extracción de éste aceite es totalmente artesanal, no existen fábricas para su extracción industrial. Cien kilos de fruta madura se componen de 50 litros de agua, 22 kg de pulpa seca que aprovecha el ganado, 25 kg de cáscaras que sirven para el fuego y tan sólo 3 kg de pipas, de donde se extrae el aceite con un método realmente artesanal y neolítico. Cada hueso se tiene que partir, tarea que realizan las mujeres y los niños, y contiene 3 pipas del tipo de la de calabaza. Éstas se tuestan hasta que comiencen a ennegrecer, se machacan y se muelen en un rústico molino de piedra, hasta que una miel opaca y espesa empieza a chorrear por la boca del molino. Tiene la consistencia de una crema de sésamo. Durante una semana descansa en un lugar fresco y oscuro hasta que se seque. Las mujeres van formando bolas que van apretando hasta que empieza a escurrir, poco a poco, aceite de ésta pasta semiseca. El aceite es ligero y transparente, más ligero y digestivo que el de oliva, de color marrón claro y sabor fuerte y agradable. http://www.eladerezo.com

Como ya dije en el capítulo anterior, yo tenía interés en comprar en Marruecos el aceite de Argán, ya conocía las muchas propiedades para la piel, aunque desconocía que fuera un aceite comestible. Por ello, el día anterior en el zoco había comprado por 40 Dh un botecito, sí bastante barato, después conociendo lo caro de este artículo te queda la duda si fui buena en el regateo o simplemente me dieron gato por liebre. Los productos que tenían en esta cooperativa, nada tenían que ver en precios con los existentes en el zoco, eran muy caros, botecitos más pequeños del que yo había comprado estaban sobre 17€ que lo dejaban en 15€, yo allí, ante el desconocimiento de dónde te estaban engañando, me negué a comprar nada.

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Casa bereber

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Río Ourika y cascadas

El río Ourika desciende del Alto Atlas y se escurre por el valle. En el recorrido ascendente llegamos al poblado de Setti Fatma, pequeño pueblo desde el que se parte para visitar las cascadas del río Ourika.

Todo lo que allí había estaba enfocado al turismo, muchos restaurantes, por supuesto sin alcohol, tiendas de suvenires y una agencia para contratar guías. Nosotros nada más bajarnos del coche ya se nos acercó un chico que si queríamos sus servicios de guía para llevarnos a las cascadas, nos dijo 100 Dh.(9,12€) aunque intentamos regatear, fue inflexible, aceptamos y tras pasar por uno de los muchos puentecitos de madera que hay para cruzar el río Ourika, comenzó el ascenso. El recorrido era de una hora aproximadamente, creo que hay un recorrido mucho más largo y completo pero son de 4 a 5 horas.

Por el camino nos encontramos muchas tiendas y los “frigoríficos bereberes” consistentes en un montón de botellas enfiladas, o bien colocadas en forma de pirámide donde les cae un chorro de agua fresca procedente de las montañas.

La primera de las cascadas es accesible fácilmente, hay que estar un poco en forma y tener ganas de trepar, abstenerse ancianos, y personas delicadas, y no olvidéis llevar un adecuado calzado. La subida a la última cascada de nuestro recorrido fue el peor tramo, gracias a nuestro guía, que en las zonas difíciles entre las piedras y los riachuelos de las cascadas nos ayudaba a subir,  bueno realmente para eso fue para o único que nos sirvió, no hablaba nada de español y no nos explicó ninguna cosa acerca del valle. Si la subida fue complicada, la bajada con la pendiente de cara, aún peor. Suerte que era el mes de diciembre, no me imagino hacer esta excursión en el me de agosto.

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Ya de vuelta a Setti Fatma, después del esfuerzo, lo que más nos apetecía era tomar una cerveza, pues nada, todos los bares y restaurantes que allí había, en ninguno servían, por lo que nuestro chofer se ofreció llevarnos a un hotel que había a unos 20 kms. ya en el camino de vuelta.

Al llegar al restaurante de ese hotel, nos tomamos las cervezas, pero como aún era temprano para comer decidimos irnos del tirón para Marrakech, y ya comeríamos allí.

Al llegar a Marrakech, le dijimos a nuestro taxista que nos dejara en la medina, lo más cercano a la calle Zitoun Kedim, ya que esta era peatonal, para comer en el núm. 170 de dicha calle, en el restaurante más antiguo de Marrakech, “Dar Essalam, recomendado por Jaime y Noah, por los comentarios que hacían en el foro, nos pareció atrayente, pero cual fue nuestra sorpresa que estaba cerrado, un chico que había en la puerta llamó al timbre y salió una señora y dijo que no, pero no le entendimos nada más no se si es que sólo abrían para cenas o estaba cerrado por descanso o definitivamente. Nos dio mucha pena pues nos habíamos hecho la idea, tiene buena planta, juzgad vosotros mismos por la web del restaurante.

Dada la hora, no podíamos perder mucho tiempo buscando otro restaurante de los recomendados, así que nos arriesgamos y nos metimos en el primero que encontramos en la misma calle un poquito más adelante, Restaurante “Dar Mimoun” de entrada no tiene buena pinta pero tras pasar un pasillo largo te encuentras con un patio con una decoración muy bonita y unos salones decorados típicamente marroquí, con sofás en estampados multicolores y cojines, aunque estaba totalmente solo, nos dijeron que podíamos sentarnos a comer en uno de esos salones decorados.

La carta aunque era amplia sólo tenían dos o tres platos por lo que fue fácil la elección, tomamos 4 hariras, que son las sopas más típicas y que yo estaba deseando probar, hechas a base de legumbres y un poco picantes, estaban muy buenas, dos tomaron una carne que no recuerdo cual era, Marina tomó cous-cous y yo un tajín de pollo con tomate frito y miel que estaba riquísimo.

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Al terminar, nos fuimos de nuevo para la plaza Djemaa, esta vez lo que nos encontramos fue una manifestación, sitio donde empezaron a concentrarse para continuar por la Avda. Mohamed V.

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De allí nos fuimos al Hotel Los Jardines de la Koutubia, muy cerquita de la plaza, es un hotel de 5* que se encuentra en el núm. 26 de la Rue de la Koutubia.

Allí nos tomamos relajados una cerveza, un café irlandés (nada tiene que ver con nuestros ricos cafés irlandés de aquí), un gin-tónic y un café con leche, todo ello acompañado con frutos secos y aceitunas, eso nos costó 220 Dh (20 €), además yo tenía antojo por tomar esos ricos pastelillos árabes con miel y almendras que había probado en otros sitios y pedí que pusieran una bandejita pero no se si es que no los tenían y tuvieron que ir por ellos a otro sitio pero los trajeron con una cuenta aparte y por supuesto tampoco nada tenían que ver con los dulces que yo esperaba, aunque no estaban malos, eran más del tipo jordano que de los del norte de Marruecos, supongo que habrá más sitios donde haya mejor pastelería, no tuvimos mucha suerte, pero el sitio era encantador y mereció la pena pasar un rato allí.

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Al salir nos fuimos caminando como cada día de nuestro paseo por Mohamed V de regreso a nuestro hotel.

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