4 nov. 2010

JORDANIA. CAPÍTULO VI – PETRA (2ª parte)


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JUEVES, 07-10-2010 – PETRA (2ª PARTE) 

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Calle de las Fachadas

Serían las 10:30 de la mañana cuando bordeando el Tesoro por su parte derecha y siguiendo hacia el corazón de Petra, nos encontramos con la calle de las Fachadas.

En ella hay unas 40 tumbas, algunas a pie del camino, otras excavadas en la roca más arriba en cuatro niveles superpuestos. Es impresionante contemplar las elaboradas fachadas de las tumbas  y los fascinantes restos de la legendaria ciudad.  Varias de ellas poseen fachadas de una gran belleza, con decoraciones a base de elaboradas tallas de columnas, frisos y volutas.

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Los colores de Petra 
 
La magia de colores de las tumbas, se traslada al exterior: el reflejo de los rayos de sol sobre las fachadas de los monumentos hace que éstos disfruten a lo largo del día de un variado abanico de tonalidades,colores y contrastes: rosado con veteados de tonos amarillos y malvas, anaranjados y ocres... 
 

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Teatro

Fue originalmente construido por los nabateos en el siglo I, con una capacidad de 3000 espectadores, y luego fue ampliado por los romanos en el 106 d.C. a 8500 espectadores.

Fue tallado mayormente en la roca, pero la parte del proscenio fue construida con una mezcla de roca tallada y de albañilería; tenía un orquesta semi-circular y gradas en tres niveles superpuestos en forma de luna creciente. El teatro fue descubierto en 1961 y sacado a la luz por un equipo de arqueólogos americanos. Es el único del mundo construido de piedra color rosa.

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Antes de continuar disfrutamos de un rato de tiempo libre para baños, fotos y sobre todo tomar te o algún refrigerio en uno de los bares con decoración típica de la zona.



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Calle columnada.


A continuación, proseguimos nuestra visita por la calle principal de Petra en bastante mal estado de conservación, la calle columnada, con los restos que quedan de la antigua ciudad organizada al estilo romano, con su centro en la avenida del cardo máximo, una calle con una calzada pavimentada de seis metros de ancho bordeada por dos amplias aceras precedidas por dos peldaños de arenisca. Por encima de ellas se alzaban pórticos columnados en los cuales se hallaban las tiendas y las puertas de entrada a los principales edificios públicos.

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Qasr Al Bint o Templo de la Hija del Faraón


Fue uno de los principales templos de la ciudad y una de las pocas estructuras construidas, en vez de tallada en la roca. Destruido por un terremoto, fue reconstruido más tarde.

Es un enorme templo nabateo de finales del siglo I. a.de C. de planta cuadrada dedicado a los dioses Dushara y Al-Uzza, una divinidad femenina asociada al agua que protegía al pueblo, pero que, según la misma leyenda que situaba un tesoro en el templo Khazneh, había sido construido para esconder a la hija de un rico faraón. 
 
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Llegado este punto que serían sobre las 12:00 de la mañana, se despidió Nizar de nosotros hasta las 18:00 horas donde nos reuniríamos a la salida de Petra para llevarnos a los hoteles. Desde aquí el resto de visitas, comida y el camino de vuelta, era libre.
Subida al Deir (Monasterio)

Cuatro de nosotros seis decidimos subir al monasterio, alguna gente dice que no merece la pena tanto esfuerzo, subir 822 escalones y casi una hora de camino para ver un edificio similar al tesoro, pero ya no es sólo el destino final, sino la impresionante subida, las rocosos paisajes que estando abajo para ver el final de las rocas tenías que mirar hacia arriba y estando arriba las veías tan abajo que parecía increíble que hubieras llegado a la cima, la estética de los burros subiendo los escalones, la cantidad de beduinos queriéndote vender sus artículos y que te engañaban diciendo que ya quedaba poco y al igual quedaban 20 minutos de subida, los muchos turistas, poco  en forma, que llegaban con la lengua fuera, y otros ya ancianos subiendo con una agilidad de envidia, algunos bares donde puedes tomar un refresco y descansar un ratito, ….pero en realidad como es tan entretenido el camino, no se hace pesado y cuando llegas arriba a la derecha te encuentras con ese majestuoso edificio incrustado en la roca que ya lo recompensa todo.

Al llegar a la explanada cuando ya crees que has finalizado los ascensos, ves otros puntos más altos aún, coronados por banderas, algunos de ellos te avisan que estás en el fin del mundo, en cada uno de esos montículos (subimos a dos de ellos) hay una tiendecita con su correspondiente beduino vendiendo los artículos artesanales, me pregunto si verdaderamente les merece la pena subir cada día hasta allá arriba ¿tanta gente elige esos lugares para comprar, habiéndote encontrado muchos abajo y por el camino? Supongo que sí.

Tras subir por las rocas a esos montículos se divisan unas impresionantes vistas del pueblo de Wadi Mousa, al sureste; Wadi Araba, que se extiende desde el mar Muerto hasta Aqaba, al oeste; y la cumbre del Jebel Haroun, rematada por un pequeño templo blanco, donde se cree que está enterrado Aaron el hermano de Moisés, que se localiza al sur.

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Vistas desde el punto más alto de Petra


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Al Deir (Monasterio)

De formas parecidas al Tesoro, el Monasterio llamado Al-Deir, en árabe, es mucho mayor, sus enormes dimensiones de 50 m. de ancho por 45 de alto convierten a su fachada en la más grande de Petra e igualmente imponente.

Construido en el siglo III a.C., se piensa que fue un templo dedicado al rey nabateo Obodas I. Como otros templos y tumbas de Petra, originalmente sus fachadas estuvieron cubiertas de yeserías que simulaban mármol, causando un efecto que debía deslumbrar a los visitantes.

Se cree que por unas cruces talladas en sus muros interiores, el Monasterio fue utilizado como lugar de refugio de eremitas en los primeros tiempos de la Petra cristiana y probablemente como iglesia en época bizantina y que su nombre actual proviene precisamente de la existencia de esos símbolos cristianos.  

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Posteriormente de haber disfrutado un rato en el entorno del Monasterio, iniciamos la bajada, la cual, después de la subida fue muy fácil y cómoda, para reunirnos con Jose y Trini que se habían quedado abajo, tras pasar unas dos horas aproximadamente esperándonos.
 
Para comer, solo había dos opciones, allí se encuentran dos restaurantes, uno regentado por una comunidad beduina y otro por el Hotel Crowne Plaza, decidimos comer en el primero porque nos dijeron que el segundo era muy caro. 

Aunque el de los beduinos, dada la relación calidad precio tampoco era barato pues costaba 10 DJ el menú que no era gran cosa más 2 DJ cada botella de agua. Rafa se extravió de nosotros comiendo en el Crowne Plaza, aunque no se cual sería la diferencia de la comida pero el precio era de 17 DJ más 4 DJ cada cerveza, algo desproporcionado con el nivel económico del país.
Después de comer decidimos irnos tranquilamente para la salida y pararnos a tomar algunas fotos más con el cambio de luz. José Antonio, deportista y el más ágil de nosotros no quiso venirse sin ver los mosaicos de la iglesia bizantina y las tumbas reales o al menos algunas de ellas ya que resulta imposible abarcar en una sola visita todos los monumentos funerarios de Petra.

Nosotros ya estábamos un poco cansados para subir más, nos había agotado el Deir, por lo que nos conformamos con verlas desde abajo y preferimos disfrutar una vez más del entorno, relajados en un bar de la calle de las fachadas tomando un té. 

Al pasar de nuevo por el Tesoro, no tenía nada que ver con la imagen que vimos por la mañana, los beduinos comerciantes ambulantes ya habían recogidos sus puestos y sus camellos, había escasos turistas de vuelta hacia el siq pero sobre todo, el color, había cambiado a un rosa apagado que yo particularmente me quedo con este tono, sin sombras, como se puede apreciar en las fotos del capítulo anterior.

Y por el siq ya de vuelta, caminando  junto a otros turistas como nosotros que decíamos adiós a la ciudad nabatea nos teníamos que desviar a los lados cuando aparecían a toda velocidad lugareños con sus carritos tirados por burros, vacíos para abajo para recoger a los turistas más perezosos y llenos para arriba a toda velocidad para dar más viajes antes de la hora de su cierre.

Cuando llegamos al Hotel Golden Tulip de nuevo, después de una relajante ducha y una merecida cena, nos quedamos en el mismo para tomar una copa ya que nos quedaba un poco lejos el centro de la ciudad Wadi Mousa y estábamos un poco cansados para salir.
 
En el hotel estuvimos viendo a un artista que se encuentra cada día  haciendo botellitas de arena de colores que son una verdadera maravilla, ver cómo las realizan sobre todo estas tienen una particularidad con las del resto de Jordania ya que son hechas con arena natural extraída de las piedras de la ciudad de Petra por el diverso colorido que estas presentan y no con arena del desierto teñida como en otros lugares.

Tengo que decir una vez más que, así como todos los jordanos con los que nos topábamos eran encantadores, amables, simpáticos y serviciales, tanto en este hotel como en el de Amman son “cuadriculados” tuvimos un pequeño rifi-rafe con los camareros pues el precio de las copas fue disparatado, abusivo y no querían facilitarnos la factura con el desglose de la misma, por poner un ejemplo, uno de nosotros pidió un Bailey y como era tan sumamente escaso pidió que le echaran un chorrito más, se lo cobró doble, es decir 10 Dj,  pero en fin eso nos pasa por pedir alcohol en un país árabe. Era la última noche en ese hotel la que nos quedaba volveríamos a dormir en Amman.



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