13 dic. 2009

ARGENTINA: Nov-Dic/2009 - CAP. III


DÍA 3º. MARTES - 24/11/09 – Buenos Aires





Ya más descansados y desayunados, 8:30 de la mañana, fuimos caminando desde el hotel a la esquina de Roque Sáenz Peña con C/. Florida, donde está, además de una  Oficina de Información Turística, el despacho de tickets para el bus turístico (25 pesos = 4,50 € por persona).

Al ser Buenos Aires una ciudad tan grande para poder pateársela totalmente como a mí me gustaría, porque no hay nada que me haga más feliz que un buen calzado y un plano en la mano para irme a conocer una ciudad de punta a cabo, pero claro, con más tiempo o una ciudad más pequeña, pues como iba diciendo, decidimos tomar el bus turístico, que salía en ese momento, porque no era caro y porque  nos daba la posibilidad de bajarnos en la parada que quisiéramos y subirnos en la que nos apeteciera dentro de las 12 paradas oficiales que tiene  además de que te lo van explicando todo y algunas fotos tienen mejor perspectiva en altura. No son muy puntuales en los horarios, aunque es comprensible que al pasar por determinadas zonas el tráfico los retrase.Funciona entre las 9'00 y las 17'30, el recorrido completo dura 2 h 45'

Nos bajamos en la parada núm. 9 de Palermo para visitar el parque Tres de Febrero donde en la plaza de Holanda, en pleno corazón del parque se encuentra el rosedal
más famoso. Nos lo había recomendado Roberto que lo viéramos, porque actualmente cuenta con 12.000 rosales y al ser primavera están muy bonitos todos ellos en flor. Como nos encanta fotografiar flores, allí pasamos un rato muy entretenido, no sabíamos a cual acudir, casi todas eran tan bonitas y no solo rosas el resto de la flora también era preciosa.











Es un parque muy bonito, mucho verde, con sus puentes,  lagos, estatuas, hay una plaza llamada patio andaluz, preciosa, muy parecida a las distintas plazas y ornamentos que componen el parque de Mª Luisa de Sevilla.


Me llamó mucho la atención la cantidad de gente que había disfrutando del parque o haciendo deporte, tai-chi, corriendo, caminando, etc., teniendo en cuenta que era un día laborable por la mañana ¡como se pondrá de gente los fines de semana!


Continuamos andando hasta el jardín japonés, que aunque parece que está muy cerca en el mapa, las distancias son grandísimas, después de caminar un rato y rodear todo el jardín, dimos con la puerta de entrada (hay que pagar, no es gratis, bueno sólo 5 p = 0,90 €, allí descansamos un poquito y nos tomamos unas Quilmes (2) con maní japonés salado (14 pesos = 2,50 €). Dimos una vuelta por el jardín pero me decepcionó un poco, tendrá mucha importancia para la comunidad japonesa que vive en BB.AA. y por los que fue donado, por tener la vegetación japonesa, espacio para la meditación, casa de té, etc. Pero salvo un puentecito rojo no tenía nada más de espectacular para el visitante occidental. Si os pilla muy cerca podéis verlo pero si no, no vayáis expresamente, no merece la pena.

En la parada donde lo habíamos dejado, tomamos de nuevo el bus turístico hacia el barrio de Recoleta , donde nos bajamos en la parada núm. 11. Fuimos a visitar el cementerio. De camino hacia él apreciamos que era una importante zona gastronómica y de ambiente de cine, discotecas, etc. Y que según parece no sólo debe tener ambiente de día sino también de noche.

Después de andar un buen ratito y subir una cuestecita llegamos a la puerta de entrada, lo primero que vimos de lejos era un montón de niños, pensamos que habían venido en una excursión de colegio, también vimos a un par de señores vestidos de gauchos, que nos sabíamos que significaba pregunté y me dijeron que había un entierro, pero sólo eso, más adelante nos enteraríamos. Todos ellos se quedaron en la puerta y pasamos a visitar el cementerio, precioso, es un verdadero museo de esculturas o arquitectura al aire libre, tan diferentes a los nuestros pues nosotros tenemos nichos o tumbas en el suelo pero ahí están  verticales muchos de ellos con las cajas visibles a través de los barrotes o cristales, fueras para donde fueras no te dejabas de encontrar una tumba más bonita que la otra. 

Después de caminar por varias calles dimos con la de Evita Perón, creo que la más famosa de todas las que se encuentran aunque no la más espectacular, lo que sí es muy emotiva, con tantas placas conmemorativas, muchas flores y mucha gente visitándola.


 









Ya casi de camino de vuelta, nos paró un señor que estaba sentado en el umbral de la tumba de sus familiares, nos preguntó que si habíamos visto la tumba de Evita y ya pegamos la 

hebra con él, curioso personaje con la dentadura postiza y medio caída moviéndosele al hablar, que nos explicó que allí tenía enterrados su papá, mamá y abuelos traídos de Nápoles, el señor que era bastante mayor y con aspecto de afeminado, llevaba en la mano apretado fuertemente la foto de su mamá, también nos explicó que el entierro que acabada de pasar era de un maestro de escuela que además tenía estancias, ahí la explicación de los niños y gauchos, trabajadores de la estancia, que vimos en la puerta.  Al parecer lo habían incinerado y el señor de la dentadura postiza era muy tradicionalista y no le parecía bien la incineración y cómo criticó con palabras fuertes a la hija del fallecido por llevar las cenizas en la mano. Curiosa anécdota que nos pudimos beneficiar por no tener barreras con el idioma.

Acabada nuestra visita al cementerio, fuimos a ver el Bar La Biela (entre calles Quintana y Roberto M. Ortiz), famoso por convertirse en punto de reunión de jóvenes aficionados al automovilismo y que en 1999 fu declarado sitio de interés Cultural por la Legislatura de la ciudad (¿?), a raíz de su éxito impulsó el desarrollo de muchos negocios gastronómicos frente al cementerio.

Frente a La Biela, también  destaca el gran gomero centenario, un referente muy importante y querido por todos los porteños. Su copa es de unos 50 metros de diámetro y unos 20 metros de altura, su tronco está formado por concavidades, y grandes ramas salientes sostenidas por puntales de madera. Su nombre botánico es Ficus macrophylla  y es oriundo de Australia.

Nosotros mismos, por darnos por allí la hora de la comida e invadidos por el ambiente del entorno, nos quedamos a comer en un restaurante de al lado, llamado Café Victoria, calle Roberto M. Ortíz, 1865. El café es precioso, pero no disfrutamos de su interior, almorzamos en los veladores de fuera contemplando el ambiente callejero, grupo de españoles, creo que valencianos comiendo al lado nuestra, palomas que venían a comer las migas que quedaban y no tantas migas algunas se abalanzaban sobre las mesas directamente, niños que pedían o vendían algo, pero con una educación exquisita, etc. Pedimos un medallón de lomo a la pimienta, 2 Quilmes, un menú ejecutivo compuesto por una especie de tortellinis gigantes rellenos de jamón y queso, ensalada, y bola de helado, nada para tirar cohetes (136 pesos = 24,30 €) no fue un buen acierto ni con la comida ni con el servicio pero ya vendrían otras comidas mejores.

Cuando terminamos de comer, cruzamos de nuevo la Plaza de Recoletas para visitar la Basílica de Ntra. Sra. del Pilar, que está justo al lado del cementerio, bueno pues qué decir, después de conocer cientos de iglesias de Europa, se ve y en general ocurre casi todas las iglesias que hemos visto de Argentina, muy pobrecita, hay que tener en cuenta que no tienen la antigüedad de las nuestras.

Después seguimos caminando hasta cruzar la Avda. Libertador y la de Figeroa Alcorta hasta  la Facultad de Derecho y pasando ésta, encontramos el monumento a la Floralis Genérica, la flor obra del escultor argentino Eduardo Catalano que representa a todas las flores del mundo, tiene la peculiaridad de que por un sistema eléctrico abre y cierra automáticamente sus pétalos dependiendo de la hora del día, generalmente está abierta durante el día y cerrada durante la noche, salvo algunas especiales, 25 mayo, 21 de septiembre y 24 y 31 de diciembre, cambiando el horario según la época del año. El mecanismo también la hace cerrar si se presentan vientos muy fuertes. Sólo la vimos de día, no llegamos a verla iluminada con el resplandor rojo que emana de noche al cerrarse.

De vuelta a la parada del bus turístico, enfrente del museo de Bellas Artes.  Continuamos montado en él hasta el punto 0, en Florida con esquina Sáenz Peña, donde lo tomamos. Fuimos caminando por la C/. Defensa adelante en busca del pequeño homenaje a Mafalda, pero quedaba un poco lejos y nos volvimos, la dejamos para el día siguiente cuando visitemos el Barrio de San Telmo.

Nos fuimos a la plaza de Mayo y nos sentamos un rato en uno de sus bancos, estaba muy animada especialmente por una manifestación de los enfermeros, nos quedamos allí un ratito escuchándolos dar su mitin a los manifestantes, que vaya piquito que tienen los argentinos….

Tomamos la Avda. de Mayo delante para ir a tomar un café al famoso Café Tortoni y había mucha gente esperando, increíble cola en la puerta. Jose se negó a esperar la cola para tomar un café y tenía razón pero ya volveremos otro día …

Seguimos caminando y un poco más adelante en Avda. de Mayo, 901 esquina Torcuari, nos tomamos el café y ahí empezó mi lucha con los descafeinados en Artgentina. Los cafés son riquísimos, de verdad, no hay ni un solo sitio donde haya tomado un mal café pero los descafeinados…. agua sucia y para colmo si lo pides con leche, peor aún, en este bar el pobre camarero pagó mi novatada o mi desconocimiento, le hice traer otro, pero difería poco del primero.


Continuamos caminando la Avda. de Mayo hacia adelante hasta llegar al Congreso para verlo, sede del Poder Legislativo,  que aunque ya lo habíamos visto dos veces,  tanto desde el bus de la panorámica como desde el turístico queríamos recrearnos en él, es un edificio grandioso, enorme y con la cúpula más grande la ciudad, con su monumento a los dos congresos delante, desde donde parte el kmt. 0 de todas las rutas argentinas.  También fotografiamos y contemplamos la Confitería El Molino, el edifico de estilo art nouveau, realizado por un arquitecto italiano, por su cercanía al congreso fue muy frecuentada por los políticos.

Al lado del Congreso había una boca del metro, o sea del “Subte”, como ellos le llaman curioso nombre abreviatura de subterráneo. Allí tomamos la línea A hasta Perú e hicimos trasbordo con la línea D para bajarnos en 9 de Julio, no es que estuviéramos muy lejos del hotel, pero más que nada tomamos el subte porque teníamos interés en ver la línea A y la estación Perú. La línea A abierta al público en 1913 convirtiéndose en la primera de toda América latina, el hemisferio sur e Hispanoamérica, destaca por su estilo histórico y pintoresco, por sus luces tenues, sus asideros colgantes, sus asientos de madera, todo un clásico que aún hoy día conservan tal cual y tuvimos la suerte que el vagón justo que íbamos nosotros a pesar de ser una hora punta estaba casi totalmente vacío por lo que nos pudimos recrear en él y fotografiar.

Llegamos al hotel, un ratito de descanso, mirar Internet, enviar algún correo, etc. Y salir de nuevo para cenar.

Decidimos ir a cenar a otro de los lugares que nos habían recomendado tanto los foreros como nuestro agente Roberto y por la peculiaridad de sus pizzas. La Pizzería se llama Güerrín en Avda. Corrientes esquina con Uruguay. La verdad es que fue todo un acierto aunque es un sitio extremadamente grande y ruidoso, merece la pena ir por sus pizzas, son grandes y gruesas, pero están ideales, no probamos nada más, no sé cómo estarán el resto de las comidas. Fue el primer sitio donde nos ofrecieron tomar una litrona, es curioso hay muy pocos sitios donde tienen tirador de cervezas, pero tienen botellas de todos los tamaños. Una pizza de la casa, tamaño pequeño que era suficiente para dos personas y dos cervezas 1 Stella Artois de 1 litro y otra de ¾ ,  74 pesos = 13 €

De regreso al hotel y así terminó nuestro último día por ahora en Buenos Aires que mañana hay que madrugar mucho.

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